|
|
![]() |
![]() Soy Agua De Río. Mi vida es un canto rodado y el destino, la corriente que la ha moldeado. Quizás va siendo hora de sacar los pies de la orilla y atreverme a pisar la tierra mojada.
![]() Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. |
Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2006. 02/08/2006LA LLAMARON DUDALa Negación no quería casarse. Tampoco quería enamorarse. Prefería seguir solo, porque en su juventud, en esos años en los que todos los sentimientos se confunden y se magnifican, se había llevado muchas desilusiones. La Negación había rechazado a muchas pretendientes y se había acostumbrado a la soledad de las dos paredes de su casa: la N(orte) y la O(este). Aquella mañana no era distinta de otras. Había salido a comprar el pan y el periódico, como siempre en la misma panadería y el mismo quiosco de todos los días. Porque la Negación era un ser de costumbres firmes y arraigadas. Sin embargo, aquella mañana, cuando llegó al quiosco con su pan bajo el brazo advirtió que había una chica nueva atendiendo. Era todo sonrisas, amabilidad y dulzura. Sus enormes ojos sinceros le atrajeron desde el primer momento. Y desde el primer momento empezó a luchar contra ese sentimiento. La chica le miró de frente y su sonrisa le preguntó qué deseaba. Pasar contigo el resto de mi vida, pensó la Negación. El ABC, dijo huraño y mirándose la punta de los pies. La chica le extendió el periódico, le dio las gracias y cuando la Negación ya estaba dándose la vuelta para escapar de allí, le dijo: Me llamo Afirmación, espero verte por aquí más días. La Negación volvió todos los días desde entonces, a la misma hora, durante seis meses y cuatro días. Jamás le dijo nada a la Afirmación acerca de sus sentimientos, pero tampoco hacía falta. Se había quedado prendado de su optimismo, del brillo de sus ojos, de esa sonrisa eterna y de la dulzura que impregnaba a un oficio aparentemente tan gris. Hablaban de vaguedades, la Negación se empeñaba en mostrarle siempre la parte más fea de la vida y la Afirmación se empeñaba siempre en mostrarle la otra cara de la moneda. Nunca estuvieron de acuerdo en nada… o al menos, en nada de lo que hablaban. Por eso, el día que se dieron el primer beso, no hablaron. No volvieron a hablar, de hecho, hasta el día que se casaron. Lo hicieron por el rito del Amor, un rito ancestral en el que no hacían falta las palabras. Se casaban a base de besos y caricias, de miradas cómplices y abrazos de eternidad. De haberse casado por la Iglesia, Negación nunca habría dado el “Sí quiero”… Los padres de ambos aceptaron aquella unión a regañadientes. Al principio trataron de disuadirles argumentando que eran completamente distintos, que no tenían nada en común y que nunca estarían de acuerdo en nada. Y Negación siempre les contestaba: “Si ella fuera como yo, nunca se habría enamorado de mí”. Sus padres, sin embargo, no estaban equivocados. Nunca se pusieron de acuerdo en nada y siguieron siendo completamente diferentes. Pero a los nueve meses exactos de la boda, nació su primera hija y con ella los extremos empezaron a acercarse, los blancos y los negros se fueron fundiendo para crear grises, las noches y los días encontraron un mediodía, y entre el sí y el no de ambos empezó a crecer su hija. La llamaron Duda… 03/08/2006ARAÑAS EN EL RECUERDO![]() Como arañas invisibles, derramándose en el aire, rasgando ventanas y desgarrando cielos... Igual que las ramas desnudas de invierno son tus manos sobre mi piel, cubriendo con trazos de sangre invisible un cuerpo coagulado. Ya no siento tus caricias. Ahora sólo me recorre tu recuerdo. Deja que lo desenrede, que deshaga sus nudos con cuidado antes de que al invierno vuelvan a crecerle las uñas sin que mi piel haya aún cicatrizado. 13/08/2006AL OÍDOMe gusta cuando te tengo lejos y desde la distancia me susurras al oído. Me gusta que abraces con tus palabras la oscuridad que me rodea. Me gusta poseerte sin tocarte y que me hagas tuya sin rozarme. Pero también… me gusta saber que no soy tuya y que sólo a veces puedes tenerme. Me gusta pensarte pensándome, me gusta saberte deseándome, me gusta soñar que me sueñas… Y cuando te tengo… me gusta desarmar tu seguridad con un simple parpadeo y descontrolar tu deseo con la punta de mi lengua. Me gusta el desafío de tus ojos recostados sobre mi pecho, tus manos inquietas desnudando mi vergüenza y tus besos resbalando por mi espalda. Me gusta que te quedes enredado en mis caricias y que tu mirada se beba a sorbos mi piel desnuda. Me gusta cuando tus labios se pierden entre mis muslos y yo me pierdo entre gemidos… Me gusta que hagamos el amor despacio y deprisa, de noche y de día, desnudos y vestidos. Me gusta que sólo tú y yo lo sepamos, que seamos el secreto de nuestros pecados. Me gusta que me hagas el amor al oído... Y que cuando te vayas, me digas siempre: “Cómo me gustas”. 19/08/2006PARA NO PERDER LA VOZFue hace tres días. Volvía del trabajo. Salía cansada y aburrida, con la tensión rozándome la punta de los pies y la promesa de una ducha templada nada más llegar a casa. Me senté en la parada a esperar ese autobús que tarda más que ninguno, que parece que nunca termina de llegar, que llega muchas veces tan lleno que no se detiene. Estaba sola. Miré durante unos instantes calle abajo apartando el pelo que se revolvía delante de mi cara. Se había levantado viento… Me gustan las tardes de verano en las que el viento despierta tardío adelantándose unas horas a la noche. Pero aquél día no, y tampoco allí, en esa calle tan fea, tan industrial, tan sucia. Allí hasta el viento era gris… Sentí de pronto que el banco crujía. Giré la cabeza y encontré a una señora mayor acomodándose a mi lado. Su pelo era corto y gris, revuelto y sucio. Vestía una falda hasta las rodillas azul celeste y una chaqueta de lana marrón. Cubría sus pies con unas zapatillas de andar por casa, bastante maltratadas por el uso. Tenía las piernas hinchadas, marcadas por innumerables varices y de su muñeca colgaba una bolsa de plástico del Día. Algo olía mal, como a pescado, pero no acerté a adivinar si era ella o el contenido de la bolsa. Comenzó a hablar en un tono bastante bajo en cuanto tomó asiento. Decía frases sin mucho sentido y, de vez en cuando, me miraba. Y pensé: “ya me ha vuelto a tocar”. Desde siempre he tenido una especie de imán para esa gente a la que le gusta entablar conversación con desconocidos en las paradas de autobús, en la cola del cine, en la cola del supermercado, en los andenes de metro… en cualquier rincón. A veces me gusta escucharles y participar tímidamente de esa conversación espontánea. A veces son locos tiernos que hablan de vaguedades, a veces son freakys simpáticos y a veces también son viejos aburridos. Pero aquél día estaba cansada, con ganas de llegar a casa cuanto antes y no me apetecía hablar con nadie. Así que me dediqué a esquivar como pude sus miradas, pero aquella mujer no callaba… Yo le dije que el autobús es muy incómodo para mí, pero me dijo que no podía… Tendría que haberme puesto las medias, me duelen las piernas con este viento… Me dijo que tenía que trabajar, que cogiera el autobús… Bueno, pues ahora a esperar… Y luego vendrá lleno y no habrá dónde sentarse… Da igual, si eso a él le da igual… Ya lo sabes, para qué andarás preguntándole… Pues parece que no viene todavía… Y luego se enfada… Que se lo diga a la niña, me dice… Ay, Dios mío, estos riñones me matan… Ya viene el autobús, mira… La niña tiene sus cosas, su casa, sus hijos… ¿Mañana será jueves? Porque los jueves no viene Conchi, pues sí, será jueves entonces… Y después viernes, los viernes me quedo sola… El autobús frenó y la dejé que subiera delante de mí. Me moví como una culebra entre la gente que se agolpaba en el pasillo para avanzar hasta la mitad del autobús con la esperanza de que aquella mujer se quedara al principio. Pero vi que me seguía, apartando hábilmente a la gente. Al final desistí y asumí que viajaría a su lado. Me agarré a una barra y miré fijamente a través de la ventana. Una vez más tratando de esquivar sus miradas. El autobús arrancó. Y ella retomó su charla. Lleno, ya se lo dije… Y sabe que no puedo caminar bien, lo sabe… Hay que ver cómo conduce, me voy a matar… Qué frío está haciendo, vaya verano… A ella también le da igual, pero no importa, la entiendo, yo la entiendo, yo sé que ella tiene sus cosas… Dos personas más la miraban de reojo. Ella se dio cuenta y empezó a hablar mirándoles también a ellos. Y ellos empezaron a hacer igual que yo, mirar por la ventana o al suelo, para no cruzarse con sus ojos. Nadie se levantó para cederle el asiento. De pronto, se giró hacia mí y me hizo una pregunta directa, acorralándome. ¿Tú vives sola, hija? Dudé unos instantes. La miré directamente a los ojos, vidriosos, envejecidos, tristes, y esbocé una sonrisa. Sí. Ella negó con la cabeza. No es bueno, eso no es bueno… ¿no tienes hijos? Y en sus ojos me pareció ver una tristeza infinita. No, no tengo. Y entonces, fue ella la que perdió la mirada a través de la ventana. A veces, yo tampoco recuerdo que tengo hijos… La niña debe tener tus años más o menos y también es bajita como tú… El chico es más mayor y muy alto… Me quedé en silencio. No sabía si debía contestarle o no. No sabía si seguía hablando conmigo o con sus recuerdos. Su mirada seguía clavada en el cristal. El autobús llegó a su última parada. La gente empezó a amontonarse junto a las puertas para bajar. Me giré para dirigirme también yo a la puerta y ella seguía inmóvil y en silencio, pegados los ojos y los recuerdos, imagino, en algún punto de su vida. Es la última parada, señora, le dije. Y la arrastré con mi voz de nuevo al presente. Sí, sí, gracias, bonita... La acompañé hasta la puerta y le ayudé a bajar el escalón del autobús. Cuando me iba a despedir de ella y seguir mi camino, me agarró del brazo y volvió a clavarme su tristeza. A veces hablo mucho, el chico me lo dice, tú no me hagas caso. Y me dio unas palmaditas en el brazo. Lo hago de vez en cuando para no perder la voz… Me sonrió. Gracias bonita, muchas gracias… Y con un gesto de mano me indicó que me fuera. Me fui. Me fui con su tristeza pegada en mi espalda, con sus ojos envejecidos clavados en el alma… Me fui con su soledad infinita enquistada en mi estómago. 27/08/2006ELLA, MÁS QUE NUNCA![]() Así es como siempre me recuerdo cuando pienso en ti. Arropada por tus brazos. Protegida. Con esa seguridad que sólo el amor de una madre transmite. Mirando la foto te veo desde unos ojos de niña, persiguiendo tus faldas, buscando siempre tu mano, tu mirada, tu sonrisa… Desde los ojos de niña veo también a papá al otro lado de la cámara, persiguiendo siempre mis sonrisas, mis torpezas infantiles, mis juegos, mis ojos hambrientos de novedades… Mirando la foto veo a la mujer a la que siempre he admirado, a la que rompió los moldes a cada paso que daba, a la que nunca pudieron obligar a hacer nada que no quisiera, a la que luchó siempre por sus derechos antes de que el feminismo se inventara, a la que cayó mil veces y mil veces se levantó sin rendirse, a la que aprendió a vivir enfrentándose a la vida misma, a la que no conoce el significado de la palabra derrota, a la que enseñó a muchos el significado y el sentido de la palabra justicia. Mirando la foto veo también a la madre que siempre ha estado a mi lado, acompañándome en mis tristezas y mis alegrías, la que siempre me ha dado consejos pero nunca me ha obligado a nada, la que miraba desde la barrera cómo me equivocaba pero nunca me dijo: “ya te lo dije”, la que sonreía tiernamente cuando me veía tropezar mientras me insistía en que volviera a intentarlo, la que me daba lecciones de fuerza, de lucha y de compromiso con gestos y no con palabras. Y, sobre todo, veo a la madre que siempre ha estado dispuesta a dejar todo si uno de sus hijos la necesitaba. Hoy sé que te sientes sola, que una parte de tu alma ya no está contigo, sé que lloras cuando no te miramos, sé que aparentas esa fuerza que hoy no tienes y sé que le sigues buscando en cada olor de la casa, en cada papel perdido, en cada libro que dejó señalado y en cada uno de nuestros gestos y palabras. Porque hoy, más que nunca, él está visible en cada uno de nosotros. Y por eso, por todo eso, hoy más que nunca, te quiero. Te quiero más que nunca… |
| http://cantosrodados.blogia.com |